Desde hace casi un siglo, el Hotel Mercedes cultiva el mismo arte de la hospitalidad: ofrecer a cada huésped el placer de alojarse en un lugar auténtico, donde la historia sigue escribiéndose a través de los encuentros.
El Hotel
Los orígenes de un lugar emblemático
La historia del Hotel Mercedes comienza en la década de 1920. El visionario Sr. Tarrissan mandó construir un primer hotel a orillas del mar en Capbreton, en el lugar donde hoy se encuentran las galerías comerciales. Lo bautizó como «Mercedes», en homenaje al nombre de su esposa, de origen español. En muy poco tiempo, el establecimiento se convirtió en un lugar muy apreciado por los viajeros atraídos por la belleza de la costa de las Landas.
Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial trastocó su destino. Ocupado por las tropas alemanas, el hotel quedó destruido durante el conflicto. Tras la guerra, el señor Tarrissan recibió una indemnización por daños de guerra, pero el ayuntamiento de Capbreton le denegó el permiso para reconstruir el establecimiento en su emplazamiento original.
Decidido a resucitar su hotel, eligió Hossegor. En 1953, mandó construir el «Mercedes» que conocemos hoy en día y confió su gestión a su hija y a su yerno, Jean-Claude Weber, futuro alcalde de Hossegor. Así comenzó una nueva historia, en el corazón de esta localidad costera en pleno auge.
Un hotel que se ha convertido en un mito
Desde los años 50 hasta finales de los 80, el Hotel Mercedes se consolidó como uno de los joyas más bellas de la hostelería tradicional de la costa de las Landas. Su elegancia, la calidad de su acogida y su ubicación privilegiada seducen a una clientela fiel y exigente. Muchos veraneantes reservaban la misma habitación año tras año, lo que convirtió al Mercedes en un auténtico punto de encuentro veraniego.
El establecimiento también acogió a numerosas personalidades que venían a pasar una estancia en la costa, entre las que se encontraban Valéry Giscard d’Estaing, Guy Bedos o Jean Poiret. Su restaurante también contribuyó a su reputación y se sumó al ambiente acogedor que le dio fama. Es durante este periodo cuando el Mercedes adquiere su carácter «mítico», aún presente en los recuerdos de muchos de sus clientes habituales.
A finales de la década de 1980, un nuevo propietario decide modernizar el hotel. Sin embargo, la experiencia dura poco. El establecimiento pasó entonces a manos del Sr. Mas de Sancier, quien emprendió una renovación completa. Anticipándose a las nuevas expectativas de los viajeros, transformó la oferta eliminando el restaurante e instalando cocinas americanas en las habitaciones, una novedad innovadora para la época. Dirigió el hotel a lo largo de los años noventa hasta su trágico fallecimiento.
Una historia que sigue escribiéndose
En 1999, el Hotel Mercedes fue adquirido en subasta por el Sr. Bérot, lo que supuso el inicio de un nuevo capítulo en su historia. Unos años más tarde, en 2011, el establecimiento pasó a manos de Olivier Roumat, exjugador internacional de rugby que se convirtió en topógrafo y, posteriormente, en promotor e inversor inmobiliario. Enamorado de Hossegor desde siempre, comparte esta aventura con su pareja, Valérie, que se encarga de la gestión diaria del hotel.
Juntos se proponen modernizar el establecimiento conservando al mismo tiempo lo que constituye su identidad: su historia, su arquitectura y su ambiente acogedor. Tal y como resumió Olivier Roumat en las páginas de Sud Ouest: «Es como una gran casa donde la gente se siente a gusto».
Impulsados por esa misma ambición, pusieron en marcha un importante proyecto de ampliación. En 2021 se inauguró una ampliación de 17 habitaciones y apartamentos, lo que elevó la capacidad del hotel a 54 alojamientos. La nueva fachada azul y blanca retoma los rasgos característicos de la arquitectura vasca-landesa, mientras que los interiores, con tonos claros y materiales naturales, prolongan el espíritu del Mercedes: un hotel de tres estrellas donde el patrimonio, el confort y el arte de vivir de las Landas se dan la mano, para el mayor disfrute de una clientela que sigue siendo tan fiel como siempre.